¿Por qué externalizar el recobro es una buena alternativa?

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La lucha contra la morosidad es quizá unas de las partes más desagradables a las que tiene que hacer frente una empresa. Sin embargo, con la crisis la obtención de liquidez se ha convertido en una necesidad perentoria, ya que los impagos han abocado, sobre todo a pymes y autonómos, a situaciones de extrema gravedad en las que, finalmente, se ha termindo por echar la persiana.

Los bancos han puesto en marcha planes para afrontar los impagos que parecen haber empezado a dar sus primeros resultados, ya que la tasa de morosidad que había crecido desde 2007 en 13 puntos porcentuales ha comenzado en los primeros meses del año ha experimentar un ligero retroceso.

Más personal, alertas tempranas, formación específica, mejora de la tecnología, todas las apuestas han sido pocas para luchar contra la mora. Hasta el Gobierno español ha anunciado cambios legislativos para incluir sanciones a grandes empresas que incumplan los 60 días a partir de la recepción de los bienes o servicios adquiridos, tal y como establece la ley en lo referido a pequeñas empresas y autónomos.

Pero ¿cómo abordar a un cliente que se encuentra en una situación extrema? No es fácil. En este sentido, muchas entidades, así como han hecho los propios bancos, optan por externalizar este servicio de recobro, confiando en la gestión de profesionales formados para que estos busquen una solución amistosa evitando la vía judicial (siempre demasiado costosa, desagradable y poco viable, sobre todo cuando hablamos de pequeñas cantidades). No hay que olvidar que muchas veces los clientes no pagan no porque no quieran, sino porque no pueden hacerlo. Simplemente con una estrategia adecuada, esa situación puede revertir sin necesidad de situar al cliente entre la espada y la pared.

Por eso se dice que cobrar las deudas es un arte que requiere de ciertos conocimientos de psicología, derecho, finanzas y persuasión. El objetivo es recuperar el dinero y, en la medida de lo posible, seguir manteniendo una relación comercial entre el cliente y el proveedor, ya que la mala racha tiene por que extenderse en un futuro de manera indefinida.

Pero también requiere su tiempo, aunque resulte paradógico hablar de tiempo cuando se trata, justamente, de lentitud, demora o dilación, que es justamente lo que significa morosidad. Tiempo que no poseen las empresas, centradas en su actividad principal en una época de alta competitivdad y pocos beneficios. De ahí la importancia de la externalización. Dejar en manos de profesionales como los de Vócex, cualificados en crédito, riesgo y recobro, esta desagradable tarea, además de suponer un alivio, es una sencilla forma de garantizar liquidez sin desatender la labor de la empresa.